Economía circular en el Caribe

Pocas personas saben que en los Montes de María, en María La Baja,  académicos de la región Caribe y la comunidad avanzan en un proyecto que les permitirá aprovechar sus residuos orgánicos para producir la energía que necesitan sus hogares. Economía circular, en su más pura expresión.

Tampoco saben que en la región hay un número importante de organizaciones dedicadas a la recuperación de material, no sólo en capitales como Barranquilla, Cartagena, Santa Marta, Valledupar, Montería y Riohacha, sino en municipios como Malambo, Galapa, San Juan Nepomuceno, San Cristobal, El Guamo, Santa Rosa del Sur, Cantagallo, Aguachica, Pueblo Nuevo, Pueblo Viejo, Chivolo y Plato, para sólo mencionar las que están oficiamente registradas ante la Superintendencia de Servicios Públicos.

valledupar

Valledupar

Estos son dos de los diversos ejemplos en el Caribe colombiano de un cambio fundamental, hacia una sociedad en la que los materiales vuelven al ciclo productivo, y no se quedan enterrados en rellenos. Una sociedad en la que las comunidades y organizaciones (como las de recicladores), interactuan de forma diferente con el sector empresarial, el Gobierno (en todos sus niveles) y la academia.

Liderado por la Universidad Tecnológica de Bolívar con la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile, el proyecto en María La Baja tiene como propósito generar biogás a partir de residuos orgánicos, como cáscaras de plátano, yuca y sobras de arroz. De hecho, fue presentado en el reciente simposio sobre crecimiento verde organizado por el Departamento Nacional de Planeación en la Universidad de Los Andes, junto con su proyecto hermano en Chile (el EcoParque Peñalolén), en el que cada familia ya está utilizando un biodigestor del tamaño de una lavadora, como explican las profesoras Claudia Pabón y Tania Jiménez (en el artículo académico que da cuenta del proyecto).

En otras palabras, lo que era “basura” se convierte en fuente de ahorro, de bienestar, de autonomía.

La región Caribe también tiene una oportunidad de oro para avanzar hacía una economía circular, gracias al nuevo esquema de aprovechamiento del Decreto 596 de 2016, que combina elementos de regulación de servicios públicos, política social y política ambiental. Por primera vez, las organizaciones de recicladores podrán recibir recursos de la tarifa que pagan los usuarios del servicio público de aseo. Sólo necesitan registrarse ante la Superservicios (un trámite que dura 24 minutos) y reportarle a través de una plataforma en línea el material efectivamente aprovechado (soportado en sus facturas de venta).

A finales de julio de 2017, de acuerdo con el Sistema Único de Información -SUI- de la Superservicios, en promedio, Barranquilla reportaba mensualmente 146 toneladas aprovechadas, Cartagena 19, Valledupar 21, Montería 213, Riohacha 66 y Santa Marta 68. Aunque el esquema del Decreto 596 aún está en transición (hasta abril del 2018), y esta información debe ser verificada y depurada por la Superservicios ya que podría variar, lo cierto es que hay un espacio inmenso para el crecimiento de la actividad de aprovechamiento. Y un factor fundamental -que es bueno recordar, así sea obvio- es el aumento en la demanda del material reciclado (que de otro modo, termina en un relleno). Aquí, el sector privado de la región tiene la palabra.

Algunos dirán que es ilusorio hablar de economía circular cuando en la región todavía hay municipios en los que recolección y disposición final de residuos sólidos distan mucho de cumplir con estándares mínimos. No hago parte de ese grupo. Inspirado en el trabajo del intelectual barranquillero Eduardo Posada Carbó, creo que debemos dejar ese abatimiento social para centrarnos en cómo corregir el rumbo, y ser leales a la región Caribe que soñamos.